La neurociencia cognitiva no ha conseguido todavía deshacer el nudo entre lo subjetivo y lo objetivo; tampoco la física cuántica puede distinguir entre observador y observación. Cognición, emoción y ficción son también inmanentes.

The Net and Moon Press es un proyecto dedicado al conocimiento que se le ha ocurrido a Christel Penella de Silva, tras publicar el libro La Red y la Luna, sobre los orígenes de Internet y la carrera espacial. Ya no es posible investigar y organizar la información de manera determinista, causal y lineal, ahora que ha emergido una nueva visión del mundo basada en la complejidad, el caos y las redes. En este nuevo paradigma, inevitablemente surgen alternativas literarias y editoriales como The Net and Moon Press, un proyecto en el que el colapso de la función de onda de una mente produce una serie de flujos de energía congelada o libros, que a su vez se bifurcan en rizomas.

Nací en Madrid en 1972. Me interesa especialmente la visión del mundo de Buckminster Fuller, quien afirmaba que «no existe ninguna crisis de la energía, de la comida o medioambiental, la ignorancia es la única crisis», y la visión de Franz Kafka, quien retó con su obra los límites del lenguaje y dijo: «toda literatura es una embestida contra la frontera». Me interesa mucho el concepto de interfaz y de medio y el hecho de que sea posible diseñar ideas, cosas y procesos, medios e interfaces. Me interesa la neurociencia, la filosofía, el arte, el Universo y la física teórica.

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Las redes no son, en absoluto, estructuras neutras o auto-generadas, sino vehículos de poder, producidas y dinamizadas desde arriba. El modelo red afecta a la naturaleza y manifestaciones del poder, que queda definido como poder de comunicación. Por otra parte, la supresión de fronteras, el carácter colectivo y horizontal, rizomático y modal (infinitas variaciones) inherentes al sistema red, lo acercan al imaginario revolucionario contemporáneo. El nuevo poder de la sociedad red repercute en las relaciones interpersonales, los modos de producción y consumo, las formas de explotación, dominación y control y en los mecanismos de antagonismo y resistencia. Si bien no está muy claro el beneficio real de estar en la Red, es inimaginable quedarse al margen. La esfera pública atomizada, diluida en conexiones potenciales, adquiere un modelo reticular que pertenece al simulacro que describió Baudrillard, comunicando su burocracia, autoridad y alienación hacia unos individuos convertidos en usuarios.

Al polifacético Vannevar Bush, inventor, académico, ingeniero y político, se le ocurrió un artefacto al que llamó memex, que describió en 1945, en un artículo titulado As we may think, como «dispositivo basado en un microfilm en el que un individuo puede almacenar todos sus libros, discos, informes y comunicaciones y que está mecanizado de manera que se puede consultar con máxima rapidez y flexibilidad». Las ideas de Bush inspiraron la fundación de Internet y de la world wide web. A Ted Nelson, inventor del hipertexto en 1963, As we may think le convenció de que las nuevas tecnologías de la información podrían extraer «todo el poder de la mente humana» e intuyó que, el por aquel entonces rudimentario ordenador, se iba a convertir en la herramienta que «entrelazaría y enredaría la compleja naturaleza del impulso creativo», emergiendo conexiones desconocidas hasta el momento entre el arte, la ciencia, la literatura y la música. También por culpa de As we may think, donde Bush postulaba que «hacer disponible el conocimiento humano era un instrumento para la paz», Douglas Engelbart, inventor, entre otros asuntos, de la interfaz gráfica de usuario y del ratón, quedó convencido de que los ordenadores podían «hacer colectivo el intelecto humano», condición sine qua non para hacer del mundo un lugar mejor.

El conocimiento de la realidad, ya sea mediante percepción, lenguaje o memoria, necesita ir más allá de la información dada. Toda información interactúa con su propio contexto y con el conocimiento preexistente del sujeto que conoce. En Metaphor and thought, de A. Ortony