Según una encuesta entre astrónomos realizada por la Universidad de Sheffield, los diez descubrimientos astronómicos más importantes del siglo XX han sido:

1. El universo se está expandiendo.
2. Existen multitud de galaxias.
3. Se predice y detecta el fondo de radiación de microondas.
4. Estrellas y fenómenos exóticos como púlsares, agujeros negros, cuásars.
5. Fuentes de energía estelar y evolución de las estrellas.
6. Diagrama de Hertzsprung-Russell y diversidad estelar.
7. Exoplanetas.
8. Composición química de las estrellas.
9. Materia oscura.
10. Cartografía y estructura galáctica.

A partir de esta selección de descubrimientos, el libro de Eva Appel Anónima nébula presenta una breve historia de la astronomía del siglo XX que es tan poco detallada como cualquier otra pero en la que ocurre algo peculiar: no hay anónimas nébulas.

Por hacer un resumen, que el universo se está expandiendo [no 1] lo descubrió Edwin Hubble a partir de observaciones que mostraban que las galaxias se alejan de nosotros. El fenómeno ya había sido predicho por la relatividad general de Einstein y algunos matemáticos lo habían calculado a partir de las ecuaciones de campo de la teoría. Hubble pudo descubrirlo gracias al metódico trabajo sobre medición de distancias estelares que había hecho Henrietta Swan Leavitt al estudiar las estrellas cefeidas. De hecho, Hubble confirmó primero la existencia de multitud de galaxias [no 2] porque encontró cefeidas en Andrómeda.

El diagrama de Hertzsprung-Rusell [no 6] fue una síntesis del trabajo de clasificación que se estaba haciendo a principios del siglo XX, tipificando las estrellas por su luminosidad, color y tipo espectral. Gracias al desarrollo de la fotografía y de la espectrografía se pudo entender la diversidad estelar, primer paso para descifrar su composición, su fuente de energía y su evolución. La emergente teoría de la física cuántica ayudó a desarrollar una herramienta para analizar los espectros atómicos de las estrellas que fue fundamental para entender su física y su química; Mehdnad Saha derivó una ecuación que fue utilizada por Cecilia Payne en su descubrimiento [no 8] de que las estrellas están compuestas principalmente de hidrógeno.

Otra aportación de Einstein, la ecuación más famosa de la historia, o sea, E=mc2, y el descubrimiento de la radiactividad, fueron cruciales para entender cómo las estrellas po- dían ser capaces de generar energía durante millones de años. Gracias a los experimentos que realizaron los expertos en radiactividad y física nuclear, como Marie Curie, Ernest Rutherford, Lise Meitner o Enrico Fermi y, de nuevo, la contribución de la mecánica cuán- tica de Niels Bohr y Werner Heisenberg, se hizo posible describir la fusión que se produce en los núcleos estelares: la cadena protón-protón y el ciclo CNO. Esto sería ampliado por B2FH, es decir, Geoff y Margaret Burbidge, William Fowler y Fred Hoyle, quienes explicaron detalladamente la producción de todos los elementos [no 5] y, por tanto, la química esencial del universo.

Así las cosas, se empezaron a descubrir exotismos tanto en evolución cósmica como estelar. La evidencia de que el universo se está expandiendo y la perplejidad que trajo la cuántica, llevaron al desarrollo de una cosmología basada en el Big Bang, cuyo remanente [no 3] fue detectado en 1965. Por su parte, las etapas finales de la evolución estelar [no 4] explicaron el espectáculo de las supernovas o el enigma de los agujeros negros. Jocelyn Bell descubrió los púlsares y Maarten Schmidt los cuásars. Las enanas blancas ya habían sido observadas hacía tiempo por Williamina Fleming pero se tardó en comprender su idiosincrasia. Subrahmanyan Chandrasekhar descubrió la masa límite a partir de la cual las enanas blancas colapsan y se convierten en estrellas de neutrones o en agujeros negros. Estos solo fueron curiosidades teóricas hasta que se detectó Cygnus XR-1. Sin embargo, la materia invisible cuyos potentes efectos gravitacionales descubrió Vera Rubin [no 9] sigue siendo todavía un misterio. Aun así, los trabajos de cartografía galáctica llevados a cabo por John Huchra y Margaret Geller, los Siete Samuráis o, más recientemente, el equipo de Hélène Courtois, confirman la influencia de la materia oscura en la estructura [no 10] del cosmos a gran escala.

Si no fuera por los exoplanetas [no 7], detectados por primera vez en los años 90 —aunque su existencia, obviamente, se presuponía desde hacía décadas— los demás descubrimientos considerados más importantes en la citada encuesta, fueron realizados en los primeros setenta años del siglo XX. Un astrónomo de 1900 que hubiera podido viajar cincuenta o sesenta años hacia el futuro, habría quedado asombrado desde el punto de vista teórico pero no demasiado en cuanto a instrumentos de observación. Sin embargo, si un astrónomo en activo en los años 50 fueseteletransportado al siglo XXI, se encontraría en la situación inversa, a saber, reconocería la teoría, en general, pero la parte tecnológica de las observaciones le parecería ciencia-ficción.