Catálogo de ideas de la revolución científica

Durante los siglos XVI y XVII, una nueva visión del mundo vino a sustituir al reverenciado conocimiento antiguo y medieval, permitiendo un acelerado progreso hacia la ciencia que conocemos ahora: una disciplina autónoma, distinta de la filosofía y de la tecnología. Hubo, definitivamente, un cambio de actitud, al confluir la influencia abrumadora del pensamiento griego con la ciencia medieval de Bizancio y del Islam y con los nuevos enfoques de investigación basados en la experimentación sistemática que inauguraría el método científico moderno en Occidente.


El empirismo fue un movimiento intelectual inaugurado por Guillermo de Ockham en el siglo XIV y que fue impulsado por Francis Bacon, cuyas ideas inspiraron la creación de sociedades científicas tales como la Royal Society o la Academie des Sciences Française. Galileo Galilei, padre de la ciencia moderna; Isaac Newton, quien estableció las leyes mecánicas y matemáticas de la modernidad; y John Locke, para quien el único conocimiento verdadero que podía ser accesible por la mente humana era el que estaba basado en la experiencia, ayudaron a consolidarlo. El método científico establecía procedimientos planificados de investigación de la naturaleza, favoreciendo la inducción en la búsqueda científica.

Un nuevo modelo de universo

La mayoría de historiadores consideran que el libro de Nicolás Copérnico, De revolutionibus orbitum coelestium, publicado en 1543, inauguró la Revolución Científica y que el libro de Isaac newton, Principia mathematica, de 1687, fue su pináculo. Copérnico se atrevió a sugerir que el heliocentrismo explicaba la discordancia en mediciones y predicciones que provocaba el geocentrismo oficial, y su sugerencia inspiró en todos los protagonistas de la Revolución un nuevo modelo de universo. Johannes Kepler, gracias a las meticulosamente precisas observaciones de Tycho Brahe, descubrió que los planetas no se mueven alrededor del Sol en órbitas circulares sino elípticas y, a partir de ahí, describió sus leyes sobre el movimiento planetario en el Sistema Solar. Galileo confirmó, con su telescopio, que la Luna era como otra tierra y que Júpiter también tenía lunas girando a su alrededor, lo que ratificó las hipótesis heliocentristas, desacreditando definitivamente el modelo aristotélico-ptolemaico. Isaac newton culminó la nueva visión en sus Principios, formulando las leyes del movimiento y de la gravitación universal que dominarían la ciencia durante los siguientes siglos. Su trabajo demostraba, entre otros asuntos, que el movimiento de los objetos en la Tierra y el de los cuerpos celestes, podían ser descritos con los mismos principios o leyes. Su ley de gravitación universal combinó la mecánica terrestre y la celeste en un único gran sistema, capaz de describir el mundo mediante fórmulas matemáticas.

Alquimia y magia

Varios protagonistas de la Revolución fueron también alquimistas: Tycho Brahe, Paracelso, Robert Boyle, Thomas Browne y, por supuesto, Isaac Newton, considerado ‘el último de los magos’, por cierto. Precursora de lo que conocemos como química, la alquimia intentaba estudiar los poderes activos de la naturaleza que, por su complejidad, les parecía que podían estar operados por una vitalidad o espíritu. Fue Robert Boyle quien impulsó la evolución de la alquimia hacia la química con la publicación de El alquimista escéptico, en 1661. Presentó su hipótesis de que todo fenómeno era el resultado de la colisión de partículas en movimiento, por lo que superó la idea de que los elementos se redujeran a solo cuatro, tal y como lo había establecido Aristóteles. En el trabajo de Boyle se encuentran algunas de las primeras ideas modernas sobre el átomo, las moléculas y la reacción química.

En el año 1600, William Gilbert publicó De magnete o Sobre los imanes y los cuerpos magnéticos y el gran imán, la Tierra. Se inventó la palabra ‘electricidad’ porque al estudiar la electricidad estática producida por el ámbar, cayó en la cuenta de que su nombre en griego es elektron, y electrum en latín, así que le puso al fenómeno el adjetivo de ‘eléctrico’, et voilà. Realizó muchos de sus experimentos con una terrella o modelo de Tierra, y concluyó que la Tierra es en sí misma magnética y que por eso las brújulas apuntan hacia el norte. Gilbert rechazó tanto la filosofía aristotélica como el método escolástico de enseñanza. Su descripción experimental fue tan rigurosa, que  ya estaba usando el método científico que veinte años después sistematizaría Francis Bacon en su libro Novum organum. Bacon iba a considerar que el conocimiento es sinónimo de poder porque, al conocer la naturaleza y utilizar instrumentos, el ser humano puede gobernarla o dirigirla para producir resultados definidos.

Óptica y color

Uno de los instrumentos que más cambios aceleró fue el telescopio, inventado en 1608. Primero se inventó el telescopio refractor, construido con lentes pulidas pero, como siempre provocaba aberraciones cromáticas, Isaac Newton propuso un telescopio reflector, basado en espejos. Johannes Kepler había descrito la ley del cuadrado inverso que rige la intensidad de la luz, la reflexión en espejos planos y curvos y los principios de la cámara oscura en su libro Astronomía pars optica, de 1604. Desde entonces, la óptica también vivió una edad de oro. Willebrod Senellius encontró la ley matemática de la refracción y Rene Descartes demostró con esa ley, y con la ayuda de la geometría, que el radio angular del arco iris es 42º; también descubrió la ley de reflexión, mencionada por primera vez en su propio Tratado sobre óptica. Porque a todos les fascinaban la luz, la óptica y los colores. Christiaan Huygens escribió numerosos textos al respecto y un Tratado sobre la luz. Por no hablar del Tratado sobre los colores, de Isaac Newton, extendido más tarde en la Óptica. Newton argumentó que la luz está compuesta de partículas o corpúsculos, que son refractados al acelerarse a través de un medio más denso. Elaboró su teoría del color, descomponiendo, mediante un prisma, la luz en el espectro de colores y volviendo a componer luz blanca con la ayuda de un segundo prisma y una lente. Observó, definitivamente, que el color es el resultado de los objetos interactuando con la luz.