¿Qué vamos a hacer con la tecnología?

Parece la pregunta correcta después de merodear por los sótanos apócrifos de la ruina bélica sobre la cual se conquistó la Luna y se inventó la Red. La potencia expansiva de los bits, el sopor de los sueños cósmicos y los filos inquietantes de la biotecnología, ya no tienen fronteras, pero sí podemos soñar concordia, utopías y nuevos horizontes de procesos -que no de sucesos.


La Red y la Luna es un libro ambicioso porque hackea el código fuente del Sistema con la intención de descifrar la política, la economía y la sociedad que están emergiendo, entre fluctuaciones invisibles, en esta insólita era bit. Es un libro provocador porque desenmascara la entente de poder económico, político, académico y militar que impulsa y financia innovaciones tecnológicas para cimentar su hegemonía, mientras la época se estremece de velocidad.

Pero, sobre todo, La Red y la Luna es un libro inspirador, porque narra una historia de sueños e ideas, de cerebros en red y creatividad: una alianza de visionarios ha borrado las fronteras entre evolución y revolución, abstracción y representación, tecnología y magia.